2006/05/31
La misión secreta de Vargas Ponce
Pero este suceso no es un dato aislado, sino que se produce en un contexto, en una sucesión de hechos que nos permiten entender cuál fue la misión que trajo Vargas a Guipúzcoa, una misión secreta al servicio del estado.
Como consecuencia de la traición que San Sebastián y Guipúzcoa hicieron al rey, colaborando con los franceses en la Guerra de La Convención (1795), Vargas fue destinado a Guipúzcoa con el doble propósito de asegurar el control del puerto de Pasajes, dotándole de un estatus similar al que ya tenían los demás puertos españoles, y asegurar, asimismo, el control sobre la frontera con Francia.
Con esos objetivos estratégicos, propuso y ejecutó en 1805 la segregación de San Pedro, como colchón entre San Sebastián y el puerto, y la anexión de Hondarribia, Irun y Lezo a Navarra, con la misma función de colchón entre Francia y Guipúzcoa.
Del carácter secreto de la misión y de su trascendencia ya hizo un apunte Serapio Múgica en 1915 cuando, en la introducción a la trascripción de la R.O. de 10 de agosto de 1800, dice que “se tuvo cuidado de no descubrir el objeto primordial de su venida al país”.
En dicha real orden de 1800 se le autorizaba a Vargas a realizar la, en apariencia, inocente labor de “reconocer los archivos guipuzcoanos sin limitaciones a fin de que todas puedan servir útilmente para la formación de la historia de la Marina Española”.
Tras cuatro años de trabajos, Vargas remitió a sus superiores una serie de informes, –además del ya conocido informe de 10 de julio de 1804 sobre San Pedro y el puerto de Pasaia–, que dieron pie a la R.O. de 26 de septiembre de 1805 que mandaba anexionar Lezo, Irun y Hondarribia a Navarra.
El estudio de Jesús Bargueño sobre la reordenación territorial del estado en la primera mitad del XIX, nos presenta cuales fueron los argumentos que inspiraron a Vargas en su propuesta de cambio de límites provinciales, que se pueden resumir básicamente en dos: establecer la unidad fiscal del Estado instalando las aduanas reales en toda la frontera; y la desconfianza hacia las autoridades guipuzcoanas que no ofrecían suficientes garantías de fidelidad al Estado.
A estas cuestiones se refieren también Gª de Cortazar y Montero cuando, hablando del puerto de Pasajes y las disposiciones de Vargas, dicen: “La disposición inspirada por Vargas Ponce era, desde luego, una racionalización del puerto de Pasajes. Pero era también un nuevo motivo de disgusto para los burgueses donostiarras, descontentos ya con la política arancelaria de la España de finales del Antiguo Régimen. Claro está que reclamaron ante el Estado, que no cedió en esta cuestión, decidido como estaba a liquidar el comercio del País Vasco foral, del que los donostiarras eran señalados representantes, y poco propicio a favorecer a quienes, a su juicio, habían traicionado a la monarquía en 1794”.
Sobre la opinión imperante en la corte de Carlos IV y los objetivos que dirigían sus actuaciones escribió el duque de Mandas, Fermín Lasala, en 1895, en su estudio sobre la Separación de Guipúzcoa y la Paz de Basilea: “Godoy, que tenía interés en difundir la opinión de que la guerra fue gloriosa y afortunada, al hablar de la rendición de San Sebastián se apresura a decir en sus Memorias, que no fue un hecho de armas, que el alcalde Michelena, de infame memoria (es Godoy quien así se expresa), y otros varios notables de la ciudad, fascinados por las promesas de una libertad ilusoria, bien distante de aquella que daban al país sus antiguos fueros y exenciones, fueron tristemente infieles a su patria”.(p.115). Y más adelante: “Godoy opinó que era menester proceder con disimulo al principio, pero preparándolo todo para atacar con oportunidad los Fueros en una resolución cuya gravedad comprendía mejor que Zamora. Mandó examinar el fundamento, legitimidad, carácter y alcance de lo que se proponía destruir o mermar. Por su orden registró Vargas Ponce los Archivos, dejando el investigador la tradición en el Archivo provincial de Guipúzcoa, en el municipal de San Sebastián, de que no exageró la escrupulosidad para formar la primera Colección de documentos contrarios a Vasconia, para que no se pudieran utilizar los favorables. (p. 258)
En resumen, Vargas cumplió a la perfección la misión para la que fue encomendado por el Estado. No terminó aquí su carrera y continuó colaborando con los sucesivos gobiernos, e interviniendo en cuestiones territoriales como parlamentario hasta su muerte en 1821.
Bibliografía: Bargueño, J.: “Euskadi, Navarra y La Rioja en la reordenación provincial del Estado (1800-1850)”, en Lurralde, nº 18, 1995, pp. 85-111 – Gª Cortazar, F. y Montero, M.: Diccionario de Historia del País Vasco, t. II, p. 265 – Zufiria, J. de (Serápio Múgica): “Documentos curiosos. Vargas Ponce en Guipúzcoa”, en Euskalerriaren alde, V, pp. 475-476 – Lasala, F: La Separación de Guipúzcoa y la Paz de Basilea. Txertoa, 1987 [1895].
2006/05/22
Alegaciones al Plan General
Y es que cada marcha gris tiene sus peculiaridades. En Donostia, al contrario de Pasaia, intentan hablar lo menos posible de historia porque ven en ella un freno a lo que ellos entiende como progreso. En Donostia les gusta más hablar de ecología, pero por lo que se ve, nuestros erizos, jilgueros, malvices, las avefrías que vienen de centro Europa a descansar en invierno, ni los robles, ni los arroyos que tenemos en Auditz-Akular son de la categoría necesaria. Así que, o encontramos una ranita meridional, o un desmán de los Pirineos, o un visón europeo, o sino, toma cemento. Cemento para soterrar y encauzar arroyos, cemento para acotar zonas verdes, cemento para levantar bloques bioclimáticos.
La historia nos habla de transformaciones y pervivencias, y nos ayuda a ser conscientes de ellas. La marcha gris donostiarra pretende ignorar la historia, y la pasaitarra instrumentalizarla para competir con Donostia en la carrera de construir más y más en Auditz-Akular.
Seguiremos presentando alegaciones al plan general en el ayuntamiento donostiarra recordándoles lo que han hecho en el pasado en Altza, y seguiremos en este blog desarmando los argumentos históricos con los que algunos en Pasaia pretenden participar en la loca carrera del hormigón.
2006/05/12
La cuestión territorial después de Vargas
A continuación, sucesivas reales órdenes fueron atando con minuciosidad todos los detalles concernientes a la administración municipal de la nueva villa (R.O. 19-8-1805), así como los correspondientes a la gestión del puerto (R.O. 4-3-1807). La delimitación del nuevo término municipal de Pasajes, sin embargo, no se ejecutó como quería Vargas. De hecho, el plano que él dibujó e envió a sus superiores no obtuvo la necesaria aprobación real, y el nuevo municipio inició su andadura con el territorio original de San Pedro, -la ladera sur del monte Ulia, entre Gomistegi y el canal-, más la jurisdicción sobre el puerto y sus aguas.
Está claro que los gobernantes tenían la voluntad de incorporar al término pasaitarra las “vertientes de los montes al puerto”, pero este asunto, jurídica y geográficamente hablando, era más complejo que lo que pensaban en un principio. A los argumentos esgrimidos por los afectados, recogidos en la "Memoria de las razones..." de 1807, y que alegaban perjuicios e indefensión, hay que añadirle las complicaciones que el propio texto del auto de Vargas había creado: invadiendo, aunque fuera levemente, los términos municipales de Astigarraga y Rentería en torno al mojón común de Ataño; incluyendo en su plano la ladera norte de Ulia, entre la ensenada de Illurgita y la punta de Arando-, que en sentido estricto no es una vertiente del puerto; y, por el contrario, pasando a Rentería la ladera derecha de Molinao, entre Basanoaga y Maleo, que sí era una vertiente del puerto.
Y así fue que, cuando en 1807 una R.O. nombra nuevos ingenieros militares para que estudien el plano y propongan si les parece necesario uno nuevo, los trabajos de estos señores producen la alarma en municipios como Oiartzun, cuyo término municipal está compuesto por montes cuyas aguas también vierten al puerto, y se vieron en la necesidad de elevar su protesta y preocupación ante la Diputación (21-8-1807).
En estas condiciones se comprende que la propuesta de Vargas no prosperara y que la real orden de 15 de enero de 1807 siga aún hablando del dibujo de un plano, y empiece a pensar en las indemnizaciones que se deberán pagar a los perjudicados cuando se tome una decisión definitiva sobre el mismo.
Después del paréntesis napoleónico (1809-1813), se volvió al estado de cosas creado a partir de 1805, eso sí, de los planos no se vuelve a hablar, y San Pedro solicita en 1827 su reincorporación a San Sebastián. Desde el gobierno se corta con esta pretensión dictando una real orden con fecha 23 de abril de 1828, en la que se ordena que “la Marina limitase su conocimiento sólo a la cuestión del puerto”, y que sobre los demás puntos de disputa, las partes acudiesen “las partes a donde respectivamente correspondiese según las naturalezas de los negocios.”
(Documentos relacionados: párrafos extraídos de la Memoria de 1807, y la real orden de 15 de enero de 1807)
2006/04/08
Auto de Vargas Ponce

El auto de Vargas Ponce lo han querido convertir en el “acta fundacional” del Pasaia moderno.
Un auto como éste, sin embargo, no pasa de ser un documento más en la tramitación de una causa. Tal y como se recoge en el mismo, Vargas propone a la aprobación del rey una nueva demarcación para Pasaia, y que nunca se produjo.
Un dato silenciado por ellos es que Vargas plantea en dicho auto que los terrenos de Esnabide y Las Mercedes quedaran para Rentería.
El plano, en términos cartográficos, es de poca calidad, e imposible de llevarlo a la práctica. No sólo se salta a la torera los derechos y la voluntad de los habitantes, sino que, además, invade la jurisdicción de Astigarraga y la de Rentería en la zona de Ataño (Bordazar).
Es curioso que con ser este documento la base de la reivindicación pasaitarra, no lo hayan publicado en ninguno de los medios que han utilizado para hacer publicidad de su causa.
Cronología de "La Marcha Gris"
Febrero de 2002: El secretario municipal, Joseba Belaustegi, “descubre” el auto de Vargas Ponce.
El Ayuntamiento decide profundizar en el estudio del litigio y encarga dicha labor a la Sociedad de Ciencias Aranzadi.
Reuniones de la Comisión Mixta Pasaia-Donostia en torno al documento “Alteración de los términos municipales de Pasaia y Donostia-San Sebastián y de sus límites”.
Marzo de 2002: Fin de los trabajos de la Comisión Mixta. El gobierno municipal donostiarra no consigue el apoyo necesario de los grupos municipales, y el pasaitarra esgrime los nuevos argumentos basados en el auto de Vargas Ponce.
Abril de 2002: David Zapirain redacta el informe histórico, mientras que los catedráticos de la UPV José Manuel Castells y Demetrio Loperena redactan el informe jurídico.
Mayo de 2002: Instan a Rentería a realizar un nuevo deslinde con motivo de la tramitación del Plan General de Ordenación de Rentería.
Julio de 2003: Se interpone recurso contencioso-administrativo contra la aprobación unilateral por Donostia del Plan Especial del Monte Ulia.
Junio de 2005: Publicación del libro “Pasaia 1805-2005: 200 años de unidad”, escrito por David Zapirain, que en realidad viene a resumir el largo litigio en torno a las mugas desde la perspectiva señalada por el secretario municipal.
Julio de 2005: Se pone en marcha la Comisión Especial de Mugas con representantes de todos los partidos políticos con el objetivo de recabar el apoyo de los pasaitarras en la reivindicación de las mugas reales y originales de Pasaia.
La marcha gris
El último episodio lo están protagonizando las instituciones públicas (ayuntamiento, gobierno vasco) con proyectos de construcción y concentración masivas de viviendas de VPO en el territorio altzatarra: Antondegi con 4000 viviendas, Auditz-Akular con 3000…
La construcción se ha demostrado como una tremenda máquina de hacer dinero que pone los dientes largos a medio mundo y, parece, que al grito de “tonto el último” la gente se pelea por sacarle toda la tajada que puede, cueste lo que cueste.
El ayuntamiento de Pasaia no quiere quedarse el último y, emulando la tristemente conocida “Marcha Verde” de Marruecos sobre el Sahara, treinta años después ha organizado una nueva marcha, gris de cemento en este caso, para ocupar un territorio que nunca ha sido pasaitarra, y para participar de los beneficios que reportarán la urbanización intensiva de los últimos espacios verdes que quedan entre la autopista A-8 y la bahía de Pasaia. A base de talonario (historiadores, abogados…) y de victimismo, intenta forzar a Donostia para que comparta los beneficios del negocio constructivo. Y todo a cuenta del patrimonio de Altza.
Hace 200 años el ilustrado Vargas Ponce se valió de Pasaia para quitarse de en medio a Donostia en el negocio del puerto, y ya entonces pretendió, sin conseguirlo, partir Altza en dos en pro de unos intereses económicos. Pretendía pasar a Pasaia cincuenta y nueve casas y caseríos que desde sus orígenes fueron altzatarras, y cuyos vecinos doblaban en número a la población del Pasajes de San Pedro de entonces. Sus intenciones, en justicia, no prosperaron.
Que eso lo quisiera hacer Vargas, un hijo de su tiempo… ¡Pero que eso mismo se les pase por la cabeza a mentes del siglo XXI! Eso sólo tiene una explicación: a los participantes en la marcha gris la fiebre de la construcción les ha producido un delirio que les lleva a querer pasar como una apisonadora por encima de la voluntad de los vecinos, y a falsear la historia.
A Vargas le consiguieron parar los pies. Frenar a los nuevos vargas, sin embargo, puede que sea más difícil, porque tanto unos como otros son hijos de la misma madre, y comparten, cada uno por su lado, los objetivos de la marcha gris. Por eso, es fácil que la tan cacareada negociación que demanda Pasaia se pueda producir. Ahora bien, sobre cual será la aportación que hará Pasaia en ese cambalache no nos cabe la menor duda: más altura en los bloques, más viviendas, más pabellones, más calles, más coches… Todo por la pasta, perdón, todo por mejorar nuestras condiciones de vida.
2006/03/29
Mugas de Pasaia: la invención del cuento
Los argumentos con los que visten el cuento están respaldados por los informes histórico y jurídico encargados al efecto, y que están recogidos en el libro “Pasaia 1805-2005”, de David Zapirain. Esos argumentos, sin embargo, no responden a fundamento histórico ni jurídico alguno, sino a razones de oportunidad política, y relacionada directamente con un intento de reparto de la tarta que se cocina en Auditz-Akular y Landarro.
La génesis la explica muy bien el secretario municipal pasaitarra en el prólogo de dicho libro y hay que situarla en el “descubrimiento” que cree hacer en 2002 de ciertos documentos, y la interpretación particular que hace de los mismos. Convence a las autoridades municipales de la oportunidad histórica de dicha interpretación, y encargan los correspondientes informes.
El informe histórico, redactado por David Zapirain y firmado por Aranzadi, se convierte en la piedra angular del conflicto. De la lectura de la documentación se desprende que no hay ningún dato nuevo sobre el tema y sí, sin embargo, una reinterpretación, en la línea de lo que quería hacer Vargas, y no pudo.
En la Real Orden de 1805 se funda la villa de Pasaia, pero en ella no se deslinda ningún término. En agosto de ese mismo año, Vargas hace su propuesta de delimitación, objeto de la anacrónica reivindicación, pero nunca fue aprobada por el rey. Lo curioso de todo esto es que, siendo este auto el argumento principal de los promotores del litigio, este auto no haya sido publicado más que parcialmente. De él sólo se nos habla de la larga lista de cincuenta y nueve caseríos que Vargas pretendía expoliar a Altza. Pero no se dice nada de cómo Vargas, a sueldo también en esta historia del ayuntamiento de Rentería, expone en ese auto su pretensión de dar la margen derecha de Molinao, las laderas de Esnabide y las Mercedes, a Rentería, y en el plano que traza, además, invade las jurisdicciones de Astigarraga y Rentería.
En 1807, otra Real Orden, destituye a Vargas y nombra a otros ingenieros militares para que hagan una nueva propuesta. Si la hubo, nadie tiene noticia de ello.
Lo más grave de todo esto es que los redactores de los informes den a un auto que se quedó aparcado en el camino una validez jurídica que no tiene, y nunca nadie le ha dado.
El otro pilar de la argumentación es la sentencia de 1890. El fallo de dicha sentencia es meridianamente claro y se cumplió en todos sus términos: los terrenos ganados al mar son de Pasaia, y Antxo, que estaba siendo administrado por el ayuntamiento de Altza por decisión de la Diputación de Gipuzkoa, pasó a la administración pasaitarra. Los redactores de los informes, sin embargo, manipulan la sentencia convirtiendo algunos de los considerandos de la sentencia en el fallo de la misma. Tras la sentencia, los terrenos que el ayuntamiento pasaitarra reivindica ahora como “originales” y “reales” siguieron siendo de hecho y de pleno derecho altzatarras.
Durante siglos, Pasai San Pedro y Altza han sido entes menores de población, con regidores jurados, diputados del común y síndicos personeros que, dentro de la jurisdicción donostiarra, administraban ciertos ámbitos de la vida municipal con autonomía, y también un territorio. El rey tenía la facultad de crear una villa a partir de un ente de población, y darle la jurisdicción sobre su territorio y aportar, además, algo que era suyo, como el puerto. Pero lo que no podía hacer el rey sin pasar por los tribunales, era el segregar, sin más, la mitad del territorio altzatarra. Vargas puede ser todo lo genial que quieran los redactores de los informes pero en esto, como en otros temas, se equivocó.
El documento que pone las cosas en su sitio es el deslinde realizado en 1939. En las actas quedan claramente recogidos los fundamentos legales sobre los que se llevaron a cabo (R.O. de 30 de septiembre de 1870 y de 23 de marzo de 1906) por las que se rigieron todos los deslindes realizados en España hasta esa fecha. En dicho deslinde Pasaia y Altza fijaron la práctica totalidad de los mojones menos uno, el último que llevaba la muga desde Azkuene hasta el mar, en Mendiola. Tampoco se pusieron de acuerdo en la línea que iba del primer mojón, -rubricado por Pasaia, Altza y Rentería, al pié de lo que hoy es Don Bosco- hasta el segundo, en Molinao. La discusión estaba en hasta dónde llegaba la marea alta antes de la desecación de Antxo.
En estos doscientos años, Altza alcanzó su independencia de Donostia en los años 1821-1823 y 1879-1940. Durante estos periodos de tiempo, Altza ha ejercido la pleno jurisdicción de hecho y de derecho sobre ese territorio, incluso en un determinado momento sobre Antxo.
Esto que acabamos de decir todo el mundo lo ha tenido claro, pasaitarras, altzatarras, Diputación, tribunales…, todos menos Vargas y los redactores de los informes encargados por el ayuntamiento pasaitarra que se han inventado un cuento con ingredientes históricos para crear un conflicto interesado. Los cuentos son bonitos mientras sean cuentos y no se pretenda construir sobre ellos el futuro de los que vivimos en torno a la bahía.
2006/01/27
La resurrección de Vargas Ponce y la marcha gris
Para empezar, la gente debe saber que no hay ningún documento nuevo sobre la mesa, que todos los documentos que utilizan ya habían sido leídos y estudiados, incluso publicados, con anterioridad. Estamos, pues, ante un “redescubrimiento”, una reinterpretación que utiliza sólo los párrafos que interesan. Parece que el sólo hecho de mencionar fechas, reales órdenes y demás, que suenen a algo serio, es suficiente. Pues no.
No es verdad que en la Real Orden de 1805, en la que se funda la villa de Pasaia, se delimite ningún término. No hay más que leer el libro de Zapirain (Pasaia 1805-2005, pág. 77). Leyendo la orden se ve que lo que sí queda atado, y bien atado, es el control del puerto por el estado, razón última que trajo a Vargas a estos pagos.
Tampoco es verdad lo que dicen los catedráticos de que el 15 de enero de 1807 una nueva Real Orden vuelve a señalar el término. Error grave, pues en esa fecha, según Zapirain (pág. 97), sólo se produce la destitución y cese de Vargas Ponce, víctima, según parece, del juego político que a él le gustaba jugar, y que continuó jugando después de haber cumplido plenamente con el objetivo que le trajo a Pasaia, y que no era otro que el de quitar a San Sebastián la jurisdicción del puerto. Ninguna de las maravillas que pronosticaba para Pasaia se cumplieron, y los problemas que creó si que tienen plena actualidad.
Hablan de la sentencia de 1890, y se confunden. El fallo de la misma es muy claro: los terrenos ganados al mar son de Pasaia. Y se cumplió plenamente. Antxo, que estaba siendo administrado por el ayuntamiento de Altza, pasó a la administración pasaitarra. Convertir un considerando de la sentencia en el fallo de la misma no se ajusta a la verdad. La sentencia se cumplió en todos sus términos y, por supuesto, los terrenos que el ayuntamiento pasaitarra pretende como “originales” siguieron siendo de hecho y de pleno derecho altzatarras, como siempre lo han sido.
Más errores. Cuando hablan del deslinde realizado en 1939 recurren a la expresión “fenómenos extraños”, y se aprovechan de las resonancias tan negativas que tiene el franquismo en la mente de los lectores para afirmar que el deslinde no tuvo ningún fundamento legal. Leyendo el documento vemos que en el acta de deslinde quedan claramente recogidos los fundamentos legales sobre los que se llevaron a cabo y, que por supuesto, no son de época franquista. En concreto, el acta menciona la ley de 30 de septiembre de 1870 y otra de 23 de marzo de 1906, que rigieron todos los deslindes realizados hasta esa fecha en España. Los pasaitarras deben saber que en este deslinde, como el anterior de 1889 que sirvió de base para realizar este de 1939, Pasaia y Altza fijaron la práctica totalidad de los mojones menos uno, el último que llevaba la muga desde Azkuene hasta el mar, en Mendiola. Tampoco se pusieron de acuerdo en la línea que iba del primer mojón, -rubricado por Pasaia, Altza y Rentería, al pié de lo que hoy es Don Bosco- hasta el segundo, en Molinao. La discusión estaba en hasta dónde llegaba la marea alta antes de la desecación de Antxo. El topógrafo del Instituto Geográfico, en cumplimiento de la ley, trazó en estos puntos una línea provisional que es la que actualmente está vigente.
Los catedráticos nos cuentan cómo las conclusiones a las que llegan coinciden con las del informe histórico de Aranzadi, “medalla de oro de San Sebastián y que es imparcial”. De imparcialidad, nada. Interesado por la autoría del informe me dirigí a Aranzadi y me remitieron al autor del libro “Pasaia 1805-2005”, el pasaitarra David Zapirain. No hay más, pues, que coger el libro, magníficamente ilustrado, y nos encontraremos de lleno con la “imparcialidad” de que hablan los catedráticos. Según leemos en el prólogo, el secretario municipal descubre el auto y plano de Vargas, algo, por otro lado, archiconocidos. Convence a las autoridades de la utilidad que en estos momentos tiene su “descubrimiento”, y encarga un informe a Aranzadi que va ser redactado por el pasaitarra David Zapirain. Tenemos razones para afirmar que el trabajo de Zapirain, quien combina muy bien sus artes profesionales con pasaitarrismo y algo de melancolía, ha servido de base para el informe jurídico que les encargó el ayuntamiento.
Volviendo a los documentos, el auto de Vargas es el que aporta los argumentos de peso, ¿Porqué no lo transcriben? En la página 93 del libro tenemos la ilustración del auto. De él sólo nos cuentan la larga lista de caseríos que Vargas pretendía expoliar a Altza. No se dice nada, y es lo más grave, de que ese auto no pasó de ser un trámite iniciado por Vargas y que nunca fue aprobado por autoridad alguna. Además, y esto también se lo callan, Vargas, a sueldo también en esta historia del ayuntamiento de Rentería, pretende compensar a Rentería dándole los terrenos que se encuentra en la margen derecha de Molinao.
Y es que parece que la historia se paró el día que Vargas redactó el auto y se fue a su casa. Altza existía antes de Vargas, y también existió después.
Antes de 1805, el Pasage de Aquende (San Pedro) y Altza eran entes menores de población, con regidores jurados, diputados del común y síndicos personeros que, dentro de la jurisdicción donostiarra, administraban ciertos ámbitos de la vida municipal con autonomía y, lo que nos interesa al caso, administraban un territorio, tal y como se puede consultar en multitud de documentos. El rey tenía la facultad de crear una villa a partir de un ente menor de población como San Pedro y darle, a su vez, la jurisdicción sobre algo que era suyo, el puerto. Pero lo que no podía hacer sin pasar por los tribunales –como dicen los catedráticos entrevistados, en aquella época había una cierta separación de poderes–, era el segregar, sin más, una gran porción de un territorio con entidad jurídica como Altza. Vargas puede ser todo lo genial que quieran los redactores de los informes pero en esto, como en otros temas, se equivocó y metió la pata.
Esto que acabamos de decir todo el mundo lo ha tenido claro, pasaitarras, altzatarras, Diputación, tribunales…, todos menos Vargas y los redactores de los informes. San Sebastián siempre ha querido recuperar el control sobre Pasajes San Pedro y el puerto. Pasaia se ha defendido con éxito, lo que contradice en parte la tesis de los catedráticos de que el pez grande se come al chico. Altza, no ha sabido, no ha podido, o no ha querido, pero todo parece indicar que los juristas animan a Pasaia a que juegue a pez grande para comerse a un Altza reducido a barrio, sin personalidad jurídica ni capacidad presupuestaria para defenderse.
Sobre los terrenos de Altza no se ha pleiteado desde 1808. Únicamente, cuando se desecaron los brazos de mar de La Herrera y Molinao (Antxo), Altza aspiraba, en buena lógica, a ejercer su jurisdicción sobre esos terrenos; y la ejerció durante un tiempo. Frente a esto, Pasaia hizo valer sus razones, basadas en lo que Vargas promovió; y ganó.
En estos doscientos años han pasado más cosas que hay que tener en cuenta. Altza ha sido independiente entre 1821 y 1823, y desde 1879 hasta la anexión definitiva de 1940. Durante estos periodos de tiempo, Altza ha ejercido de pleno derecho su jurisdicción sobre el territorio y las personas que lo habitaban. Incluso, como hemos mencionado más arriba, en un determinado momento sobre Antxo. Altza y Pasaia han tenido problemas de deslinde en el monte Ulia, y más concretamente en la vertiente norte, que da al mar. Las razones de estas diferencias no son del todo claras. Quizás habría que buscarlas en el aprovechamiento comunal del monte y el peso relativo que en esa época tenía cada una de las poblaciones en el momento del reparto (130 caseríos de Altza frente a los 8 de San Pedro).
Y hablando de pleitos, vamos a aportar un último dato, a modo de ejemplo, que habla de los criterios que el Consejo de Estado en la actualidad aplica en este tema. Dictamen aprobado el 30 abril de 1998: “La jurisprudencia del Tribunal Supremo, a partir de la Sentencia de 23 de octubre de 1902, ha venido proclamando que en los deslindes de términos municipales deben tomarse, ante todo, en consideración los documentos que se contraigan a deslindes anteriores realizados con la conformidad de las partes interesadas y, en defecto de esa conformidad, con los elementos de prueba que justifiquen el continuado ejercicio de jurisdicción sobre la zona en litigio; siendo de la mayor importancia los informes de la Dirección General del Instituto Geográfico.” Más claro, agua.
Llama la atención la admiración que sienten por Vargas, por alguien que fue todo un ejemplo en la instrumentalización de la historia al servicio de los intereses económicos y políticos. Unos intereses esos que antes como ahora mueven sus hilos, y así vemos cómo esos políticos, permanentemente enfrentados e incapaces de resolver los graves problemas que sufrimos, se unen ahora para crearnos nuevos, y llaman a los pasaitarras, al más puro estilo de Hassan de Marruecos, a luchar todos juntos por recuperar algo que, como el Sahara, nunca fue suyo, ni de hecho, ni de derecho, con los gastos a cargo de las arcas municipales. Esta, sin embargo, no es una “marcha verde” como aquella, sino gris, gris de hormigón.
Iñigo Landa
2005/09/28
Altzako Historia Mintegiaren iritzia, Pasaiako Udalak mugaren inguruan planteatu duen gatazkari buruz
Pasaiako Udalak, hiribilduaren sorreraren berrehungarren urteurrena dela-eta, kanpaina bat burutu zuen joan den ekainean Pasaiako udal-barrutiak hartu beharko lukeena “itzultzearen” alde. Haren ustez, udal-barruti horrek Altza udalerria zenaren udal-barrutiaren zati handi bat hartuko luke.
Altzako Historia Mintegia, —Altzako komunitatearen eta haren ondarearen iraganaz, orainaz eta etorkizunetaz arduratzen den elkartea— momentu horretan isilik geratu zen, argitaratzeko baitzegoen Pasaiako udalak erabili behar zituen argudioak azalduko zituen liburua. Liburu hori, udalak editatua eta Aranzadiren babesa duen David Zapirain historialariak idatzia, Pasaiako lau barrutietan aurkeztua izan zen ekainaren amaieran eta uztailaren hasieran, eta auzokideen artean doan banatua.
Liburuan bildutako argudioak arretaz irakurri ondoren, eta egileak testuan zehar azaltzen dituen datu horiek soilik erabiliz, egileak egiten dituen balorazioekin ez baikaude batere ados, argi eta garbi esan behar dugu aldarrikapen hori ez datorrela bat dauden datu historikoekin, eta, aldi berean, bidegabekeria larri bat dela dagoeneko oso kaltetua dagoen Altzarentzat. Izan ere, Altza Pasaia bezalaxe, bidegabekeria askoren biktima da, eta, aldarrikapen honen bitartez, Pasaiako gaitz guztien errudun eta petxero bihurtu nahi dute.
Datuak hauexek dira:
- 1804ko uztailaren 21ean, Vargas Poncek, erregeren mandatariak, Pasaiako portuari buruzko txosten bat idatzi zuen, eta bertan hiru “providencia” idatzi zituen:
- Lehenengoan zioen: “Separar la aldea de Pasajes de la jurisdicción de San Sebastián… y unirla a la villa de Pasajes que está enfrente de ella… Que a esta se le dé de término el cortísimo que en la actualidad tiene, con mas la parte que se estime hasta la sima del monte Ulia… el cual incluya todo el Puerto de Pasajes que hoy llama San Sebastián suyo…”. Horren arabera, beraz, aipatu egiten da nolako barrutia beharko luke izan, baina ez du esaten zehatz-mehatz zeintzuk izan behar zuten muga horiek.
- Segidako beste bietan, Vargas Poncek portuaren jabetzaz eta honen jurisdikzioaz arduratu zen, izan ere, hori baitzen mandataria izendatzeko helburu nagusia: “Volver a declarar que el puerto corresponde únicamente a Su Majestad”. Hau da, Pasaiako udalerria sortzearekin batera, Pasaiari portua kontrolatzeko aukera kendu zitzaion, eta, hori zen, gure iritziz, arazo honen guztiaren mamia. Vargas Poncerentzat, beharrezkoa zen udalerri berria sortzea Donostiaren seiehun urteko kontrol zuzena kentzeko eta etorkizunean portuaren inguruan egin zitekeen edozein aldarrikapenari ateak ixteko.
- 1805eko ekainaren 1ean, erregearen agindu batek Pasaiako hiribildua sortu zuen, hitz hauek erabiliz: “reducir a una sola Villa en lo civil y eclesiástico a las dos poblaciones de Pasajes, de modo que cada uno de los dos barrios que divide el canal del puerto formen en lo sucesivo la Villa de Pasajes, siendo cada uno parte integrante de ella, y disfrutando ambos de los nuevos términos que Su Majestad ha venido a señalar”. Horrekin batera, beste lau agindu gehiago eman zituen, lauak estatuak portua kontrola zezan bideratuak. Vargasen txostenean bezala, portuari dagozkion gaiak ongi zehaztu zituen bitartean, udal-barruti berriari dagokiona ez zen inolaz ere zehazten.
- 1805eko abuztuaren 29an, Vargas Poncek, –“debiendo su señoría partir a continuar su comisión en otros puntos”, berak bultzatutako autoan jasotzen den bezala– Pasaiako udal-barrutiak beharko zuenarekin plano bat marraztu zuen eta eskribau publiko baten aurrean protokolo bat jarri zuen martxan. Planoan bertan idatzitako autoan, Vargasek dio: “ha de tener la indispensable aprobación de su majestad y no está hecha con unánime consentimiento de las partes interesadas en ello”, eta protokolatzea agindu zuen helburu honekin: “el dicho original si S. M. tiene a bien aprobarlo… o se pueda hacer en él las modificaciones o reformas que sean de su real agrado”. Orain arte, inon ez dago jasoa erregeak plano hori onartu zuenik. Eta, hain zuzen ere, hori da arrazoi bakarra zergatik Pasaiak ez du inoiz eta inolaz ere lurralde horretan bere jurisdikzioa erabili.
- 1890ko ekainaren 21ean, Auzitegi kontenzioso-administratiboak sententzia bat eman zuen Molinaoko errioan lehortutako lurraldea, Antxoko barrutiari dagokiona, Pasaiari emanez. Sententzia horretan, tribunalak Vargasek marraztutako planoa aintzat hartu zuen, baina, aldi berean, ondoko kontsiderazio hau ere kontuan hartu zuen: “Considerando que si es cierto que no consta que tales trabajos fuesen aprobados de un modo expreso por el rey…”. Eta arrazoi horrengatik, tribunalak Pasaiari itsasoari irabazitako lurraldea soilik eman zion, portuan itsas gora iristen den lekuraino marrazten den lerroa, eta, inolaz ere, tribunalak ez zuen erabakirik hartu ordura arte Pasaia eta Altzaren artean zegoen mugari buruz eta, beraz, aldaketarik ez zuen egin.
Dena delakoa, Vargas Poncek bere ahaleginean arrakasta edukiko izan balu, Altzari bere ondasunaren zati handi bat indarrez kenduko zioten eta afektatutako altzatarrentzat bidegabekeria izugarria izango zen, ilustratuen “dena herriarentzat baina herriarekin kontatu gabe” esaldiaren biktimak, dudarik ez. Pasaiak aldarrikatzen duen lurraldea, oso-osorik Altzako baserrien lurrak ziren, eta baserri horietako biztanleak Altzako bizilagunak, auzokideak, hautesleak eta zinegotziak ziren, baita San Martzial parrokiko eliztarrak. Berrehun urte horietan, Altza independentea izan den denboraldietan, bere udalak jurisdikzio oso-osoa erabili du lurralde horretan. Vargas Poncek lortu zuen portua estatuaren eskuetara pasatzeko helburua baina huts egin zuen Pasaiarentzat muga berriak finkatzeko orduan.
Hala eta guztiz, zer irabaziko genuke Azkuene kaleko arazoak Mirakruz-gainara lekualdatuz? Edota, Eskalantegi kaletik Larratxo pasealekura? Pasaia, seguruenik, zerga gehiago bilduko lituzke, dauden hutsarteak auzo berriez bete ahal izango du eta, urte batzuen buruan, gaur egun Pasaiarentzat egoera itolarria bihurtu duen arazoen aurrean egongo gara.
XIX. mendea atzean geratu zen. Historia, aiztoak bezalaxe, bai hiltzeko baita sukaldean aritzeko ere erabil daiteke, gatazkak eta gerrak antolatzeko edota mundu hobe bat eraikitzeko. Gu azkeneko honen alde gaude. Altzak eta Pasaiak inguru eta etorkizun bera daukate. Eta horretarako gure bizitzeko baldintzak hobetuko dituzten zerbitzuak elkarrekin sortu eta elkarrekin kudeatu beharko ditugu. Alde bateko beste edozein aldarrikapen, iluntasunean eta nahasmenean etekinak irabazi nahi dituenen onerako izango da soilik.
Altzako Historia Mintegia ante el conflicto de límites planteado por el Ayuntamiento de Pasaia
El Ayuntamiento de Pasaia, con motivo de la celebración del segundo centenario de la fundación la villa, llevó a cabo una campaña en junio pasado a favor de la “restitución” de su término municipal que debería abarcar, según sus tesis, buena parte del antiguo término municipal de Altza.
Altzako Historia Mintegia, —asociación que se interesa por el pasado, presente y futuro de la comunidad altzatarra y su patrimonio— en ese momento calló en espera de la publicación de los argumentos que esgrimía el ayuntamiento pasaitarra y que iban a ser expuestos por medio de un libro. Dicho libro editado por el ayuntamiento y redactado por el historiador David Zapirain con el respaldo de Aranzadi, fue presentado en los cuatro distritos pasaitarras a finales de junio y principios de julio, y distribuido gratuitamente entre los vecinos.
Tras leer con atención los argumentos recogidos en la publicación, y remitiéndonos a los propios datos que el autor desgrana a lo largo del texto, haciendo valoraciones que no compartimos, afirmamos con la mayor rotundidad que esa reivindicación no se ajusta a los datos históricos y que es una grave agresión a la ya de por sí maltrecha Altza, víctima, como Pasaia, de continuas injusticias, y a la que se quiere convertir con esta reclamación en chivo expiatorio de sus males.
Los datos son los siguientes:
- El 21 de julio de 1804 el comisionado real Vargas Ponce redacta para el rey un informe sobre el puerto de Pasajes, al final del cual plantea tres “providencias”:
- La primera habla de “Separar la aldea de Pasajes de la jurisdicción de San Sebastián… y unirla a la villa de Pasajes que está enfrente de ella… Que a esta se le dé de término el cortísimo que en la actualidad tiene, con mas la parte que se estime hasta la sima del monte Ulia… el cual incluya todo el Puerto de Pasajes que hoy llama San Sebastián suyo…”. En este informe, por tanto se enuncia cómo debería ser el término pero no se concreta cuales deberían ser sus límites.
- En las dos provisiones restantes, Vargas Ponce aborda el tema de la titularidad del puerto y su jurisdicción, objetivo principal para el que fue nombrado comisionado: “Volver a declarar que el puerto corresponde únicamente a Su Majestad”. Es decir, que al mismo tiempo que se promueve la creación del municipio pasaitarra se le sustrae a Pasaia el control del puerto, siendo éste, a nuestro entender, el auténtico quid de la cuestión. El objetivo que busca Vargas Ponce con la creación del nuevo municipio es el cerrar el paso de cualquier reivindicación futura de la ciudad de San Sebastián sobre el puerto de Pasajes, después de seiscientos años de control directo sobre el mismo.
- El 1 de junio de 1805 una real orden funda la villa de Pasajes en los siguientes términos: “reducir a una sola Villa en lo civil y eclesiástico a las dos poblaciones de Pasajes, de modo que cada uno de los dos barrios que divide el canal del puerto formen en lo sucesivo la Villa de Pasajes, siendo cada uno parte integrante de ella, y disfrutando ambos de los nuevos términos que Su Majestad ha venido a señalar”. A continuación, ordena cuatro resoluciones más orientadas al control del puerto por parte del estado. Al igual que en el informe de Vargas, mientras que los temas referentes al puerto quedan meridianamente claros, los referentes al término del nuevo municipio quedan sin concretar.
- El 29 de agosto de 1805, Vargas Ponce, -“debiendo su señoría partir a continuar su comisión en otros puntos”, tal y como se señala en el auto promovido por él-, inicia un protocolo ante escribano público con el plano de lo que debería abarcar el municipio de Pasaia. En el auto redactado en el mismo plano, Vargas indica que “ha de tener la indispensable aprobación de su majestad y no está hecha con unánime consentimiento de las partes interesadas en ello”, por lo que ordena se protocole el plano para que “el dicho original si S. M. tiene a bien aprobarlo… o se pueda hacer en él las modificaciones o reformas que sean de su real agrado”. Hasta el presente, no consta que tal aprobación por parte del rey se produjera, siendo esta la razón principal por la que Pasaia nunca ha ejercido jurisdicción alguna en ese término, ni sus vecinos han podido participar como concejantes o concejales en el ayuntamiento pasaitarra.
- El 21 de junio de 1890 el Tribunal contencioso-administrativo dicta una sentencia por la que se concede a Pasaia la jurisdicción sobre los terrenos desecados en la ría de Molinao, correspondientes al distrito de Ancho. En dicha sentencia, el tribunal toma en consideración el plano de Vargas, pero añade también otra consideración: “Considerando que si es cierto que no consta que tales trabajos fuesen aprobados de un modo expreso por el rey…”. Y por esta razón el tribunal se limita a conceder a Pasaia el terreno ganado al mar, hasta donde llega la alta mar que marca la línea que corresponde al puerto, sin entrar en ningún caso a decidir sobre los límites que en esa fecha separaban a los municipios de Pasaia y Altza.
En cualquier caso, si Vargas Ponce hubiera tenido éxito en su empeño, para Altza hubiera supuesto un gran expolio de su patrimonio y una gran injusticia para los vecinos afectados, víctimas sin duda de la máxima ilustrada de “todo por el pueblo pero sin el pueblo”. La totalidad de las tierras que reclama Pasaia son de caseríos altzatarras, cuyos habitantes han sido moradores, vecinos, concejantes o concejables de Altza, feligreses de la parroquia de San Marcial. A lo largo de estos doscientos años, en los periodos de tiempo que Altza ha sido independiente, su ayuntamiento ha ejercido la plena jurisdicción sobre ese territorio, simple y llanamente porque el proyecto de Vargas Ponce logró sus objetivos en el tema del puerto pero se quedó varado en la complejidad de deslindar los terrenos por los que debía pasar la muga.
Pero, además, ¿qué ganaríamos trasladando la problemática de la calle Azkuene al Alto de Miracruz, o de la calle Eskalantegi al paseo de Larratxo? Pasaia, probablemente, recaudaría más impuestos, podría llenar de nuevos barrios los espacios vacíos y, al cabo de unos años, nos encontraríamos con los mismos problemas que sumen al municipio pasaitarra en la desesperación.
El siglo XIX quedó atrás. La historia, como el cuchillo, se puede utilizar tanto para matar como para cocinar, para organizar conflictos o construir un mundo mejor. Nosotros estamos por esto último. Altza comparte con Pasaia un mismo espacio y un mismo futuro. Este pasa por trabajar en común en la creación y gestión de servicios mancomunados que mejoren nuestras condiciones de vida. Cualquier otra reivindicación unilateral sólo redundará en pro de los que buscan su beneficio entre el humo y la confusión.